25 de Septiembre. Llegada a Cracovia, 21:00 horas. 22:30, Primera Cerveza. Una semana después, abres los ojos, confuso, mareado y resacado, en un piso sin muebles con cuatro españoles. Todavía no sé muy bien como llegamos a este punto, y probablemente nunca lo sabré, pero esta es la historia de aquella semana epopéyica, aquella semana en la que nos convertimos en Erasmus.
Retrocedamos pues, a la génesis de tal odisea, a La Primera Cerveza.
Habíamos llegado exhaustos de un día de transición en Barcelona a Cracovia tras infinidad de horas de agradable vuelo en lata Ryanair. Nada más coger tierra, un amable polaco llamado Kuba (si es que la cosa ya se veía venir...), que trabaja para el hostal que habíamos contratado, nos presenta a nuestros dos compañeros de habitación: Cristina Solés y Pablo Cabo. Recuerden esos nombres.
Nos dirigimos de la mano del tal Kuba al hostal, y trás el clásico viaje con conversación cuasi-nula y llena de esos silencios incómodos que tanto nos gustan a todos, llegamos al apartamento. Todo de puta madre, muy bien, “jaja,jeje”. Y entonces, surge. Alguien pregunta:
- “¿Y bueno, que hacemos?”
Silencio. Alguien, timidamente, murmura:
- “¿Una cervecita suave en el centro?”
- “Venga, total, por despejarnos un rato”.
Y ya está. Tres frases. Tres frases es lo que separan a un humilde estudiante con perspectivas de futuro e interesado por el país por el que viaja, en una persona cuyo hígado no segrega bilis, sino vodka, cuyos ojos inyectados en sangre y enrojecidos no ven, intuyen y cuyo cerebro funciona deficientemente con más de 5 horas de sueño al día . Tres frases, Pregunta, Proposición y Afirmación.
Así pues, nos dirijimos timidamente al centro, en busca de La Primera Cerveza con un grupo de españoles que sabíamos se habían reunido en un pub llamado Carpe Diem. La tan ansiada bebida fermentada se hace de esperar, pues llegamos tan tarde que los españoles se dirigen en masa hacia una discoteca conocida como Prozak. ¿Cómo es el Prozak? Pues grande, clásica discoteca, y lleno de polacos y polacas buscando carne internacional (el sitio es conocido por sus fiestas Erasmus).
Una vez allí, te acercas timida y sobriamente, titubeando, a la barra, asustado ante la inmensidad de lo que se avecina y preguntas:
- “Ho..ho...how much is one beer?”
- “haha zlotis” . (Cantidad irrisoria comparada con una cerveza en España).
Extásis.
- “Give me five.”
- “And two vodka shots”. Que seguro que son baratos también, piensas.
Y así fue como La Primera Cerveza fue concebida.
¿El resto? Españoles ebrios conociendo a españoles más ebrios conociendo a erasmus etílicos, todo ello en un aura de “Joder lo estoy flipando”, increíble. En medio de tamaña explosión de jolgorio y felicidad, alguna que otra voz con experiencia dice: “Vámonos a la Kitsch.” Tú, como no, le sigues la corriente, en el punto en el que estás, le seguirías la corriente a una farola.
Y entonces, La Kitsch. Oh sí, La Kitsch. Amigos míos, uno no sabe lo que es el perreo, la inmoralidad y la depravación humana hasta que llega a la Kitsch. Uno no sabe a que huele el vicio hasta que llega a ese antro.
De la Kitsch aquel día poco recuerdo, salvo formas, luces y colores una gran sensación de “Yodeberíahaberconocidoestoantes” .
Lo que siguió los días venideros fue una orgía tremenda de todo aquello que está mal y engorda, las resacas se entremezclaban con las borracheras y las borracheras flirteaban con el coma etílico. Y todo ello, como no, buscando un cubículo aceptable en el que sobrevivir los siguientes 9 meses.
Para resumir, diré que el Viernes firmamos con escasas horas de sueño un contrato con el actual piso, tras dejar en la ruina a una familia que nos ofrecía otro piso y con la que nos habíamos comprometido.
Y el resto, amigos míos, en otra ocasión.